Yo Soy Beatriz.

Vínculos: lo que vienen a enseñar a tu vida

La palabra vínculo significa unión, atadura o relación entre personas, cosas o ideas. Etimológicamente, proviene del latín vinculum y su sentido original literal era “lo que sirve para atar sólidamente”.

Visto así, un vínculo puede llegar a tener un potencial inmenso en la vida de cada persona.

  • Familia: son los primeros vínculos que se generan y tienen un peso muy importante en la construcción de nuestra identidad. Determinan patrones de comportamiento que más adelante influyen en la forma en la que nos vinculamos a su vez con los demás.

  • Pareja: nos aportan intimidad y apoyo y son un espacio de crecimiento personal y afecto compartido.

  • Amistad: son lo que llamamos “la familia elegida”. Nos aportan una sensación de apoyo y de pertenencia y generan sensación de comprensión y apoyo.

  • Sociales: ofrecen arraigo a la comunidad y de adaptación a distintos entornos. Bien puede ser tras un cambio de lugar o por ejemplo, al empezar un trabajo.

Los vínculos en ese sentido se vuelven una pieza angular de nuestro desarrollo y de nuestro día a día. Es en sí una condición que nos recuerda que vivimos en constante interacción con los demás y pone en juego aquellas dinámicas que vienen a mostrarnos realmente quiénes somos.

El poder de un vínculo

Si tuviera que destacar una simple idea acerca de los vínculos, diría que son la forma en la que nos encontramos con los demás, pero también, la forma en la que nos encontramos con nosotros mismos y nosotras mismas.

Y es que, hay partes de una persona que no aparecen cuando se está a solas.

El apego, el miedo al abandono, la necesidad de aprobación, el control, la dependencia, la necesidad de poner límites… todo ello se expresa en la interacción humana. Pero sobre todo, es esa misma interacción, la que permite que aprendamos y trascendamos estas lecciones tan importantes.

“La soledad puede darte paz. Pero el vínculo revela si realmente has sanado o si simplemente no había nadie que activara lo que aún vive en tu sistema nervioso”

Siempre que pienso en lo que los vínculos pueden enseñarnos, me imagino una habitación a oscuras. Cuando un vínculo llega, dependiendo de su intensidad, puede mostrarte aquello que en el fondo y seguramente de forma inconsciente, no deseabas ver. Es como si encendiera la luz de esa habitación, y entonces ves todo por el medio. Cajas llenas de trastos, las paredes con humedades, el suelo levantado, y solo queda poner orden o volver a apagar la luz.

Me he dado cuenta que muchas veces, por inercia o porque sabemos lo intenso de la tarea de ordenarlo todo, preferimos apagar la luz. Pero del mismo modo, también me he dado cuenta, que tarde o temprano, esa habitación deberá ordenarse.

No es cuestión de presionarse, es solo cuestión de que hay cosas innegociables.

Por eso, los vínculos más allá de lo que representan, son tareas pendientes, aulas de aprendizaje para nuestro mayor bien y para sanar aquello que guardamos en nuestro interior.

¿Qué ocurre cuando renunciamos a los vínculos?

Cuando tenía 12 años, sufrí la primera gran pérdida de mi familia. La tristeza y la incomprensión de ese momento, me llevaron a pensar que querer a alguien iba sí o sí a desencadenar un gran dolor.

Y es que, nadie es eterno. Así que, con mucha inmadurez, pero también con muchas ganas de protegerme, me cerré a tener vínculos significativos. Es más, me distancié de mi abuelita creyendo que por lógica, sería la siguiente en irse.

Mi abuelita murió casi veinte años después. Y volví a tener esa sensación de dolor, pero esta vez, la sensación amarga de que me había cerrado queriendo evitar algo que no es posible, ni se debe evitar: el dolor.

Y es que en realidad, es una navaja de doble filo. Si te niegas a vincularte por querer evitar el dolor, entonces también evitas amar de verdad. Eso también es innegociable.

Y si evitas amar, evitas el aprendizaje que trae consigo. Porque los vínculos como te decía son aulas de aprendizaje: ¿Quieres aprender a perdonar? Entonces necesitarás a alguien que te haga daño. ¿Quieres aprender a confiar? Entonces necesitarás a alguien que te traicione. ¿Quieres aprender a amar? Entonces tienes que asumir que hay finales.

Por eso, si decides vivir aparte de los vínculos, es probable que llegues a ese momento donde en verdad, te has perdido una vida de aprendizajes y momentos que buenos o malos, habrán merecido todos la pena.

¿Qué ocurre cuando vivimos los vínculos conscientemente?

Me atrevería a decir que cada vínculo que vives de forma consciente, te acerca realmente a tu verdadero yo.

Cada relación familiar, amistad, pareja o persona que encuentres en tu camino ya sea por impulsarte como por tratar de apagarte, te invitará a ponerte en valor de la forma adecuada.

“Las personas no te dan lo que mereces. Te dan lo que son y tú decides qué es lo que mereces cuando aceptas o rechazas lo que te ofrecen”.

Conocer tu valor no es algo innato. Si así fuera, siento que no necesitaríamos vivir una vida. Estaríamos ya en un nivel de iluminación como Buda y quizás eso echa a perder la experiencia que es el vivir.

Es un camino y los vínculos son las distintas paradas con las que crecer, comprender, intimar y ganar cada vez mayor autenticidad.

Mi consejo es que no pienses en un vínculo como “algo que obtienes de la otra persona”, sino más bien como “aquello de lo que puedes presumir de ti para mejorar el vínculo e invitar a la otra persona a que haga lo mismo”.

Todos los artículos sobre los vínculos

Aquí tienes todos los artículos sobre los vínculos. ¡Espero que los disfrutes!