Yo Soy Beatriz.

La creatividad: cómo crear una vida en positivo

Asociamos la creatividad a actividades artísticas como la pintura, la escritura, el diseño, la música o el arte en general. Y si bien es cierto que todo ello es creatividad, podemos ir más allá.

En el fondo, la creatividad es la capacidad de generar cualquier tipo de posibilidad.

De hecho, todo lo que nos rodea ha sido generado por un pensamiento creativo que no tiene por qué tener una motivación artística. Por eso, la creatividad es algo que pertenece a lo cotidiano y recurrimos a ella en todo momento, seamos o no conscientes. Una conversación, una solución, una creencia, incluso una relación, forma parte de nuestra capacidad creativa, entendida como algo mucho más amplio.

Podemos afirmar que no tenemos creatividad, o lo contrario. Pero al final, eso significa que estamos más o menos conectados o conectadas con esta dimensión vital que existe y nos rodea.

El poder de la creatividad

La creatividad está a la base de lo que materializamos en nuestra vida. Cualquier idea y posterior acción, moldea el entorno.

Si diseccionásemos todos y cada uno de los momentos que nos han llevado hasta el presente, nos sorprenderíamos de todo ese telar creativo que se ha tenido que poner en juego.

Por eso muchas veces creemos que la idea es la creatividad en sí, pero lo cierto es que es la decisión que tomamos o no tomamos en base a esa idea, lo que habla verdaderamente de la creatividad.

No olvidemos que la palabra creatividad viene del verbo “crear” y la creación implica necesariamente una acción. Por eso, la decisión tras el momento en el que se enciende la bombilla es la que marca en verdad, el poder creativo.

Ilustración sobre la creatividad positiva y la creatividad negativa

Tanto si decides explotar una idea que vive en tu mente, como si no, ya estás modificando el entorno en uno u otro sentido. Así, un pensamiento como “no puedo hacer esto” es tan creativo como el pensamiento que dice “puedo intentarlo”. La única diferencia es que uno u otro nos lleva a situarnos en un lugar diferente.

Y es que en realidad no existe una persona creativa y una persona que no lo es. Existen personas que generan posibilidades diferentes.

De modo que no es posible dejar la creatividad aparcada. La ponemos en funcionamiento creando las circunstancias que nos acercan o nos alejan de aquello que deseamos en nuestra vida.

Así que en lugar de responder a la pregunta “¿Cuán creativos somos?”, puesto que ya hemos afirmado que las personas somos sí o sí creativas, puede ser más acertado preguntarse, “¿Cómo estamos creando la realidad que deseamos?”

¿Qué ocurre cuando afirmamos que no somos creativos?

O lo que es lo mismo, cuando afirmamos cosas como:

  • “Esto no es para mí”.
  • “Ya es tarde”.
  • “No soy capaz”.
  • “Es muy difícil”.

Lo que estamos haciendo es generar pensamientos que crean esa misma realidad. Es decir, somos creativos, pero provocamos un contraefecto de lo que de verdad queremos alcanzar.

Y esto en el fondo tiene una razón de ser: perpetuar una experiencia o si se prefiere, una no-experiencia con el único fin de no arriesgar, protegerse, conservar o simplemente repetir. Y la repetición sí es el verdadero antagonista de la creatividad. Porque ahí sí nos negamos a generar nuevas posibilidades.

¿Y qué ocurre cuando afirmamos que sí somos creativos?

Ocurre lo contrario. Surge la idea de explorar, probar, experimentar y permitir que a una posibilidad se sumen muchas más.

Nos concedemos más permisos y generamos afirmaciones del tipo:

  • “Esto puedo aprenderlo”.
  • “No tengo nada que perder”.
  • “Si he logrado esto antes, puedo lograr esto otro”.
  • “Es algo que me apetece hacer”.

Ahí es donde ocurre la magia de la creatividad que es la propia expansión. Las ideas que se quedan en la mente y no se plasman en la realidad generan creaciones adversas que no queremos, pero que al final promovemos.

Por eso es importante darle espacio a esta dimensión que es propia de cada persona.

Las etapas de la creatividad

Todas estas etapas las he vivido una y mil veces, y apuesto a que tú también.

1. Da el primer “pequeño gran” paso

Es algo muy típico.

Empiezas a ponerte manos a la obra y ya estás imaginando los retos a enfrentar cuando la idea haya escalado y no estés en el primer paso, sino en el número ochocientos mil quinientos setenta y nueve.

Cuando hacemos eso, nuestra mente está trabajando para ese paso que está bien lejos de ser el primero. Y cuando esto pasa, en realidad nos estamos saltamos la magia de ese primer paso.

Es el más básico y si lo das que sea solo porque te apetece darlo. Porque te apetece dedicarle un ratito a algo que te motiva. No hay que ir más allá, ni empezar un proyecto pensando en las variables del día de mañana.

Por eso, mi recomendación es que plantees un mínimo y que el proyecto vaya avanzando a medida que vas cogiendo confianza, ganando conocimientos y comprobando que la motivación no se apaga, sino que evoluciona.

Por ejemplo: si quieres aprender a coser, tiene más sentido que aprendas primero a enhebrar una aguja, en lugar de comprarte una máquina de coser de buenas a primeras.

2. No te exijas a la hora de empezar

¿Sabes eso que las primeras veces siempre salen rana?

Pues es así en todos los lugares. Los primeros pasos están hechos para tropezar. Es una ley que no sé qué nombre tiene, pero es universal. Los primeros intentos tienen que salir mal. Es el propósito de las “primeras veces”.

Ponerse a escribir un texto por ejemplo, implica que más de la mitad de lo que has escrito probablemente vaya a ser modificado. Si no tenemos esto claro, estamos pretendiendo que todo nos salga bien, muy en lo inmediato. Eso genera una expectativa insostenible, que hace que se te quiten las ganas más pronto que tarde.

Lo importante en esta primera etapa, es luchar contra eso y darse el permiso de crear algo y no hacerlo con la idea de tenerlo perfecto, sino simplemente de disfrutarlo, de aprender algo y de cambiar ese material que estamos moldeando, las veces que hagan falta.

3. Sé constante

Muchas veces empezamos con muchas ganas y le dedicamos muchísimo tiempo, pero al final si no canalizamos bien toda esa energía, esta se va agotando más rápido que lo que avanza el pensamiento creativo.

Por eso la constancia aquí no es solo con respecto a la idea en sí, sino también con respecto al tiempo que le dedicas día a día.

Lo mejor que puedes hacer es dedicarle un ratito cerrado todos los días. Ni más, ni menos tiempo.

Si te lanzas a la idea sin un horario, pueden pasar dos cosas:

Que te cueste ponerte manos a la obra y te repitas un “mañana empiezo en serio”. Que te quedes los primeros días enfrascado o enfrascada catorce horas diarias y luego a la semana ya no tengas el mismo ritmo porque como es normal, te has cansado.

Por eso, sé constante con el tiempo que le dedicas y con la disciplina que te marques.

4. Termínalo, como sea

De ahí que también sea importante que sea algo pequeño porque es más fácil ver el final.

Yo por ejemplo, dedico un rato todos los días a escribir (disciplina). Aunque eso no significa que todos los días termine un artículo. Pero todas las semanas, tengo que tener escritos mínimo dos artículos (constancia).

Al principio puede parecer que el ritmo es difícil y más de una vez me quedo hasta tarde. Pero este ritmo lo he escogido para forzarme a ver cosas terminadas. Si yo todas las semanas veo que he llevado a término dos artículos, ya no tengo mente que me diga que no puedo hacerlo.

Y obviamente, no todos los artículos quedan como me gustaría o cómo los veía en mi mente antes de ser escritos, pero es lo que hay. Hay cosas más importantes que la perfección y es el reconocimiento de mi propia labor semanal.

5. Mejor hecho que perfecto

Deja de juzgar tu trabajo y dalo a conocer sin más. No esperes a que sea tu novena sinfonía. Es como te decía en el punto anterior. Hay cosas que no salen cómo las teníamos previstas, pero si acaso que ese no sea el argumento para desistir, sino para mejorar en el próximo intento.

Y cuando hayas acabado, dalo a conocer. Te sorprenderá el feedback, no solo de la idea sino del intento. Porque en el fondo muchas personas quieren hacer simplemente eso: dejarse llevar por la creatividad positiva. A poco que lo intente una persona y lo comparta, ya estará inspirando a alguien.

Tendrás críticos y seguidores, que todos ellos sean bienvenidos porque ninguno te va a quitar el mérito de haber tenido una idea y de haberla llevado a cabo.

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