Cuando un buen trabajo deja de serlo

escrito por beatriz

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Las personas nos pasamos la mayor parte del día en el trabajo. O al menos, con la mente puesta en él.

Habrá casos y casos, pero por lo general, estamos programados para vivir en base a un empleo: tiempo libre, realización, planes de vida, estado de ánimo… son solo algunas de las cosas que se ven afectadas de forma positiva o negativa por el trabajo.

Puede que estés en un trabajo que no te llene, que te dediques a algo porque otros te dijeron que eso era lo que había que hacer o que solo lo hagas porque te da dinero.

Estas son cuestiones que pueden hacer que sientas que tu trabajo no es el mejor del mundo.

Pero imaginemos el caso en el que sí sientes que estás haciendo algo que te gusta, que te llena, que ayuda a otros, que se te da bien y que además, te da un buen dinero a fin de mes. Pues aun en estos casos hay un elemento que puede desestabilizar todo ello.

La gente.

Puedes estar realizando tareas que te encantan, recibiendo un buen sueldo cada mes y creciendo profesionalmente, que aun con todo, si la gente del trabajo te amarga la existencia, ese empleo pasa de llenarte a vaciarte.

Yo en mi última entrevista de trabajo solo pregunté una cosa: “¿Qué tal es el ambiente dentro del equipo?”.

Mi “yo” de ese momento ya había tenido suficientes malas experiencias como para saber que, si el ambiente es malo, todo lo demás se puede ir detrás.

Aunque ese es mi caso. Entiendo que hay personas que por un buen sueldo están dispuestas a aguantar lo que muchas veces se calla en un trabajo. Seguramente tengan carácter para ello.

Yo por ejemplo, no lo tengo.

El peso invisible del ambiente laboral

Mi propia experiencia me ha llevado a darme cuenta de cuáles son algunos de los factores que marcan la diferencia en el trabajo.

1. El jefe importa más de lo que creemos

El responsable directo explica alrededor del 70% de las diferencias en el nivel de compromiso de los equipos.

Es decir, aunque dos personas hagan el mismo trabajo, cada una puede vivirlo de forma muy distinta dependiendo del jefe que tengan.

Y aquí el apoyo, la empatía, el reconocimiento, el agradecimiento, son valores claves que no todas las empresas ni equipos promueven.

2. El apoyo marca la diferencia

Los trabajos generan dos cosas: demandas y recursos.

Las demandas pueden generar presión, carga y conflictos. Mientras que los recursos pueden brindar autonomía, apoyo, feedback y aprendizaje. Es decir, puede que un trabajo demande más, pero el ambiente laboral puede ayudar, y mucho, a que una persona no se agote y siga motivada.

Eso sí, por experiencia te diré que todo el apoyo del mundo, no compensa el exceso de trabajo constante. Pero bueno, la idea está clara. En picos de trabajo, el compañerismo claramente suma y la falta de él, claramente resta.

La cultura de una empresa puede NO ir contigo

Porque un curriculum puede encajar perfectamente para un puesto, pero en la práctica, puede que la persona no encaje en el lugar de trabajo. O incluso al revés, que un trabajo no encaje con la persona.

Y eso no es algo malo, sino cosas que pasan y que no necesariamente hablan mal ni del entorno ni de las habilidades de la persona.

Lo que sí está claro es que un trabajo no es solo un sueldo a cambio de unas tareas. Es todo un ecosistema que tiene un impacto real en tu salud y en tu desarrollo vital. Y más allá del papel que tengan las empresas, el foco sigue siendo el mismo: las personas.

La contradicción del mundo laboral

Está muy de moda en las empresas hablar de cultura y valores. Incluso de promover talleres, charlas, cursos para motivar, incentivar o respaldar el discurso de que trabajo y bienestar mental no son incompatibles.

Y no me malinterpretes, esto es muy positivo.

Sin embargo, la realidad es que el ambiente laboral no depende solo de iniciativas o actividades promovidas por los departamentos de RRHH, sino en última instancia, depende de las personas de forma individual.

Y por mucho que hagamos la diferencia entre lo profesional y lo personal, la realidad es que todas las dimensiones de nuestra vida son una extensión de lo que es personal.

No podemos pretender que nuestro “Yo” que está presente en nuestras amistades, pareja y familia… se quede en pausa dentro del trabajo.

No tiene sentido.

El trabajo es una dimensión de las personas como lo es cualquier otra. Y es un terreno fértil para que afloren rasgos de nuestra personalidad. Y más aún si tenemos en cuenta que dentro del mundo laboral la competencia siempre estará a la orden del día.

Y como todo, no se trata de demonizarla o eliminarla, sino de darle el espacio adecuado.

La competencia bien entendida

Competir nos conduce a la idea de querer tener mejores resultados. Es decir, la competencia en sí es un factor positivo, entendido como una forma de aprendizaje, de realización y de estímulo.

Es más, yo diría que hay dos consecuencias que puede generar la competición. Y voy a usar una frase como muleta:

Mi compañera Marta ha realizado un gran trabajo en el día de hoy.

Envidia

Hay personas que cuando ven que su compañera Marta ha realizado un gran trabajo, les entra la envidia y la inseguridad. Su mente lee que una persona ha destacado y que eso supone una amenaza.

La cuestión es que aquí, hay quien piensa que la respuesta a ese miedo está en lo que la persona puede perder porque Marta le quite el sitio. Cuando en realidad, la pregunta que habría que hacerse es por qué el éxito de una persona, puede hacer que otra se sienta inferior.

Y ahí, no vas a encontrar respuestas en el ámbito laboral, sino en la dimensión personal de cada cual.

Por eso, una de las cosas que ocurren es que quien siente la amenaza, pasa a quitarle brillo a la persona que ha destacado.

Quizás empieza a desquitarse poco a poco con menos apoyo, con menos reconocimiento y con menos compañerismo.

Y si esa sensación de amenaza aumenta, podemos llegar a situaciones de menosprecio, boicot y promover que despidan a la otra persona.

Esto pasa mucho en los ambientes de trabajo aunque no es algo que se suela reconocer.

Admiración

Otras personas en cambio piensan que si Marta ha logrado realizar algo con éxito, lo que deben hacer es tratar de emularlo. Y el pensamiento genera un comportamiento absolutamente distinto.

Lejos de querer pisotear a quien ha destacado, se busca aprender de ella, basándose en dos premisas:

  1. Si la otra persona lo ha conseguido, yo también puedo lograrlo.
  2. La persona que lo ha logrado es la que mejor me puede enseñar.

Aquí, la admiración es la que puede lograr que haya dinámicas sanas como conversaciones, apoyo, mentoría y reconocimiento mutuo del trabajo. Es decir, un ambiente próspero para aprender y enseñar.

Eso tiene valor y también lo da la competencia.

La pregunta difícil

Llegados a este punto, sabemos que el trabajo no puede ser entendido como una consecución de tareas. No somos robots.

Pero es cierto que el trabajo muestra distintos retos que como personas con sus respectivas personalidades, debemos enfrentar en el día a día. Y cuando muchas cosas no confluyen, ese día a día se vuelve muy duro.

Así que creo que cuando nos surge la pregunta: “¿Qué pasa cuando el trabajo me gusta mucho… pero el ambiente me drena?”, quizás debamos parar un momento y preguntarnos también:

  • ¿Qué parte de mi día a día es negociable?
  • ¿Qué no es negociable?
  • ¿Este momento es una etapa o es un patrón?
  • ¿Estoy cansada o llevo tiempo no queriendo enfrentarme a lo que me pasa?

Lo que te diría es que no todos los trabajos tienen que ser el trabajo de tu vida. Pero todos deberían permitirte seguir construyendo una vida.

Y a veces, aunque sea duro, lo que falla en el trabajo es algo que no depende de ti (como ocurre con el ambiente laboral).

Puedes poner lo mejor de ti y aun así, si otras personas te drenan, salvo que haya un cambio o un acercamiento de posturas, es difícil que algo cambie.

Por eso, quizás en tu próxima entrevista de trabajo te pase como a mí y además del sueldo y las tareas, te apetezca saber con quién vas a trabajar en el día a día.

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