Las 3 verdades del desarrollo profesional

escrito por beatriz

archivado en Propósito , Acción

He cambiado de profesión 3 veces.

Primero me dediqué a la comunicación corporativa, luego al marketing digital y ahora a la programación.

Así que lo que vengo a contarte son las 3 grandes leyes que he recopilado a lo largo de estos años en los que he vivido experiencias laborales muy distintas.

Son además las que me repito cuando el mundo laboral empieza a pesar más de la cuenta y asoman las dudas, miedos y desilusiones. De hecho, si eres alguien que:

  • Trabaja en algo que no le termina de encajar o que siente que su trabajo actual no es lo que hará hasta los 60 (o más).
  • Alguien que tiene miedo de cambiar de trabajo y dedicarse a otra cosa.
  • Siente que se ha metido a hacer cualquier cosa “solo” por ganar dinero a final de mes.
  • Cree que dedicarse a lo que quiere es realmente difícil…

Quizás estas 3 verdades te ayuden a ver las cosas de otra manera.

Antes de contártelas, te diré que yo misma he sido cada una de estas 4 personas en uno u otro momento. A veces incluso, todas las vez.

Y no me considero ningún bicho raro.

Lo normal es no saber a qué te quieres dedicar

Yo era de las que no tenía ni idea de qué hacer después del instituto. Me conformaba con aprobar y no pensaba en la gran decisión de “¿A qué te quieres dedicar más adelante?”.

Es más, escogí una carrera bastante genérica con la intención de que el día de mañana no me cerrase puertas para elegir uno u otro camino. Es decir, mi idea al entrar en la universidad fue la de ganar tiempo para seguir descubriendo qué quería hacer. Pensé que después de 4 años, ya lo tendría más claro.

Spoiler: no ocurrió así.

Así que cuando ese día llegó, opté por realizar un máster de comunicación.

Lo que no sabía es que la comunicación llevada al mundo de la empresa estaba lejos de la imagen que yo tenía.

A mí me atraía escribir, expresar ideas, reflexionar, entender a las personas y su forma de actuar y encontrar la manera adecuada de contar algo.

Pero en el mundo de la empresa, la comunicación está más orientada a cómo una organización construye, gestiona y protege su comunicación ante distintos públicos.

Es decir, algo mucho menos romántico.

Pero obviamente, eso no lo supe antes de realizar el máster sino después.

Pagué mucho dinero para una formación que literalmente, no me enseñó nada nuevo, pero sí prometía meterme de lleno en el mercado laboral. Al final, y no digo que siempre sea así, estás pagando solo por esta última cláusula.

En mi caso, me llevó a empezar en un departamento de comunicación en una empresa del sector del automóvil y seguros. Y te lo resumiré fácil: también me metió de lleno en la primera gran crisis de la edad adulta y probablemente, la más necesaria en lo que respecta el mundo laboral.

Pero este es solo el contexto. Ahora sí te diré cómo esta pésima etapa me permitió abrir los ojos y ser más sensible a las 3 verdades de la vida profesional.

1. El mundo laboral está hecho para probar y crecer

No para casarte con nadie.

Esto es difícil de ver al principio. Sobre todo cuando empiezas con mucha ilusión en el mundo laboral y tienes el clásico pensamiento de “he invertido tiempo y dinero para llegar hasta aquí”.

Pero la realidad es que esa afirmación hay que afinarla un poco.

En realidad tú no has invertido tiempo (de estudio) y dinero (formación) para llegar hasta una empresa o un sector. Tú has invertido tiempo y dinero para adquirir unos conocimientos que te van a acompañar de ahora en adelante.

Y a veces, como me pasó a mí, piensas que como tomaste la decisión de estudiar o formarte en algo concreto, debes sí o sí ser fiel a esa decisión y seguir adelante.

Es decir, “si elegiste mal, te aguantas”.

Este discurso es arcaico y a día de hoy, afortunadamente, es mucho más fácil no seguirlo.

Yo terminé mi máster en comunicación y tras 6 meses,dejé mi trabajo en ese departamento de comunicación que me había costado la salud, para no volver a dedicarme a la comunicación corporativa.

(Nunca mais.)

¿Considero que me equivoqué?

La verdad es que no (aunque lo entendí tiempo después). No fue agradable, pero me permite decir lo que te digo ahora: en la vida aprendemos a escoger después de probar, no antes.

Las decisiones que se toman antes de probar, son más bien apuestas, sugerencias vitales y formas de aprender “dónde sí y dónde no”, que aunque bruscas, son más eficientes.

Yo no solo aprendí que no quería trabajar en un departamento o agencia de comunicación. También aprendí que no volvería a permitir que una empresa o trabajo me quitase mi autoestima.

Por eso, si ahora estás en un trabajo y te has dado cuenta que no es lo que creías en un primer momento, te sale más a cuenta moverte e ir hacia otro lado.

Y esto lo sé por la siguiente razón.

2. Tú eres tu mayor activo para generar riqueza

Esto es importante. Y te lo dice alguien que ha dado tres volantazos en su vida laboral y ha tenido que aprender algo de cero antes de vivir de ello.

Porque lo que cuenta no es tanto el conocimiento que tienes sino tu capacidad para aprender algo nuevo.

Tu valor no está en el trabajo que ocupas ni en las tareas que desempeñas, sino en adquirir los conocimientos necesarios para desenvolverte en cualquier lugar.

Y es que se nos olvida que nadie nace sabiendo nada, que todo se aprende. Y que aunque hay a quien se le da mejor algo o aprende con más facilidad, eso no significa que tú no lo puedas aprender, aunque al principio tropieces más.

Yo estoy en programación ahora y nunca he estudiado nada relacionado con ello antes. Pero sí supe que si me metía en una formación específica sobre ello, lo sacaría. Y así fue. (Me costó un montón, pero lo saqué).

Y eso me lleva a…

3. La sensación de “ir tarde” siempre es mentira

Y aquí no pretendo venderte que reinventarte es fácil. Todo lo contrario, es duro. Eso es lo que hace que al final mucha gente decida no intentarlo. Pero el no hacerlo, suele significar que no vas a vivir en propósito .

Si tú tienes algo que se te da bien, que ayuda a los demás y que te gusta hacer, tiene todo el sentido que te dediques a eso. No solo por ti, sino por hacerle un favor al mundo. Y sí, vivir de ello.

Los japoneses (que viven en el 3150 d. C) lo llaman Ikigai.

Ojalá cada persona encontrase su ikigai y viviese alineado para ofrecer algo mejor a los demás.

Pero para que eso llegue, uno tiene que entender que reinventarse está a la orden del día (y más ahora). Y que da lo mismo la edad, si tienes claro que hay algo que puedes ofrecer y de paso ser feliz con ello.

No siempre es fácil, es cierto. Pero no es imposible y merece la pena.

Cuando estudié la carrera, teníamos un compañero de 73 años que dijo “Ahora es cuando puedo estudiar esta carrera que siempre quise hacer”.

Una amiga de mi hermana estudió y ejerció medicina. Tras la pandemia dijo que no era lo que quería y ahora hace talleres de cerámica y vende sus creaciones.

Una amiga mía no pudo ir a la universidad y solo había trabajado en hostelería. Hizo un curso de marketing digital y ahora tiene su propio proyecto, clientes y factura 4 cifras todos los meses.

Mi prima quiso opositar para la policía porque “era una trabajo seguro”, pero por una afección física fue excluida. Ahora tiene su propio centro de pilates.

Historias como esta hay a patadas. Lo que no hay es una nota de corte, una edad de corte, un perfil de corte o habilidades de corte para acceder a lo que sea que quieras hacer.

No vas tarde. Es solo que quizás no has decidido dar el paso todavía.

Estas tres lecciones puedes cogerlas por separado, leerlas en el orden que quieras o incluso, no estar de acuerdo con alguna o las tres de ellas. Pero si escribo esto es porque sigo mi propia experiencia que es de lo que yo me puedo fiar más que de ninguna otra.

Tú debes hacer lo mismo.

Cuando te digo que el mundo laboral es para probar y crecer es literalmente así. No puedes dedicarte o lo que sea que hayas venido a dedicarte, si primero no pasas tiempo haciendo lo que no has venido a hacer.

Más simple:

Para ser quién hemos venido a ser, primero debemos ser quien no somos.

Lo opuesto.

Lo equivocado.

Y aunque pueda parecer el camino más largo, es el más seguro. Al fin y al cabo es mejor sacarte la duda metiéndote en aquello que no tocaba para ir encarrilándote, ¿no?

Del error es de donde nace el aprendizaje. Y hay que probar caminos antes de dar con el bueno.

Igual, cuando te digo que tú eres tu mayor activo es porque tu capacidad para adaptarte vale más de lo que crees. Y quien te diga que no, simplemente no tiene la misma legitimidad que tú para evaluarte, puesto que tú eres la única persona que puede (y debería) ponerle valor a las cosas que vive.

Por todo ello, nunca irás tarde.

No se puede ir tarde a lo que se ha venido a hacer en la vida. Si acaso se puede no acudir a la cita, pero eso es una pena.

Ve a la cita, cuando quieras, como quieras, pero ve.

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