Yo Soy Beatriz.

Las 3 grandes leyes de la reinvención profesional

escrito por beatriz

archivado en Acción , Propósito

Te ahorraré tiempo diciéndote para quién puede resultar útil este post y veas si puede servirte:

  • Para quién trabaja en algo que no le termina de encajar o que siente que no es lo que hará hasta los 60 años (o más).
  • Para quién tiene miedo de cambiar de trabajo o dedicarse a otra cosa. (Ya sabes, síndrome del impostor, falta de experiencia, miedo al absurdo… esas cosas).
  • Para quién se haya metido en “lo que sea” a la desesperada porque tiene la sana costumbre de comer tres veces al día.
  • Y sobre todo, para quién crea que dedicarse a lo que quiere es realmente difícil.

Si estás en alguna de estas situaciones, quizás lo que te cuente aquí te interese. Quien lo escribe es una persona que ha cambiado de profesión 3 veces: primero comunicación corporativa, luego marketing digital y ahora programación.

(Y lo que me queda porque seguiré empezando de cero más veces, lo más probable).

Así que, comenzaré por lo evidente…

Lo normal es no saber a qué te quieres dedicar

Yo era de las que no tenía ni idea de qué hacer después del instituto. Sentía hasta cierta envidia por aquellos compañeros que lo tenían claro. En mi caso, me conformaba con aprobar y no pensaba en la gran decisión de “¿A qué te quieres dedicar más adelante?”.

Así que bueno, después de estudiar la carrera, realicé un máster de comunicación (bastante caro y que no me enseñó nada nuevo).

¿Ese máster que haces pensando “Ahora irá todo seguido como el paso doble” y que debido a la bolsa de prácticas te mete de lleno en el mundo laboral?

Ese.

Empecé en el departamento de comunicación de un empresa dedicada al sector del automóvil y seguros y lo resumiré fácil: también me metió en la primera gran crisis de la edad adulta.

Pero si algo bueno tienen las crisis, es que se aprende mucho.

1. El mundo laboral está hecho para probar y crecer

No para casarte con nadie.

Esto es difícil de ver al principio. Sobre todo cuando empiezas con mucha ilusión en el mundo laboral y tienes el clásico pensamiento de “he invertido tiempo y dinero para llegar hasta aquí”.

Pero la realidad es que esa afirmación hay que afinarla un poco.

En realidad tú no has invertido tiempo (de estudio) y dinero (formación) para llegar hasta una empresa o un sector. Tú has invertido tiempo y dinero para adquirir unos conocimientos que te van a acompañar de ahora en adelante.

Y a veces, como me pasó a mí, piensas que como tomaste la decisión de estudiar o formarte en algo concreto, debes sí o sí, ser fiel a esa decisión y seguir adelante.

Es decir, “si elegiste mal, te aguantas”.

Este discurso es arcaico y a día de hoy, afortunadamente, es mucho más fácil no seguirlo.

Yo terminé ese máster y un mes después dejé ese trabajo que me había costado la salud, para no volver a dedicarme a la comunicación.

¿Considero que me equivoqué?

La verdad es que no (aunque lo entendí tiempo después). No fue agradable, pero me permite decir lo que te digo ahora: en la vida aprendemos a escoger después de probar, no antes.

Las decisiones que se toman antes de probar, son más bien apuestas, sugerencias vitales y formas de aprender “dónde sí y dónde no”, que aunque bruscas, son más eficientes.

Yo no solo aprendí que no quería trabajar en un departamento o agencia de comunicación. También aprendí que no volvería a permitir que una empresa o trabajo me quitase mi autoestima.

Por eso, si ahora estás en un trabajo y te has dado cuenta que no es lo que creías en un primer momento, te sale más a cuenta moverte e ir hacia otro lado.

Y esto lo sé por una razón.

2. Tú eres tu mayor activo para generar riqueza

Esto es importante. Y te lo dice alguien que ha dado tres volantazos en su vida y ha tenido que aprender algo de cero antes de vivir de ello.

Porque lo que cuenta no es tanto el conocimiento que tienes sino tu capacidad para aprender algo nuevo.

Tu valor no está en el trabajo que ocupas ni en las tareas que desempeñas, sino en adquirir los conocimientos necesarios para desenvolverte en cualquier lugar.

Y es que se nos olvida que nadie nace sabiendo nada, que todo se aprende. Y que aunque hay a quien se le da mejor algo o aprende con más facilidad, eso no significa que tú no lo puedas aprender, aunque al principio tropieces más.

Yo estoy en programación ahora y nunca he estudiado nada relacionado con ello antes. Mira mi carrera y mi máster, nada que ver…

Pero sí supe que si me metía en una formación específica sobre ello, lo sacaría. Y así fue. (Me costó un montón, pero lo saqué).

Y eso me lleva a…

3. La sensación de “ir tarde” siempre es mentira

Y aquí no pretendo venderte que reinventarte es fácil. Todo lo contrario, a veces es duro.

Eso es lo que hace que al final mucha gente decida no intentarlo. Pero el no hacerlo, suele significar que no vas a vivir en propósito.

Si tú tienes algo que se te da bien, que ayuda a los demás y que te gusta hacer, tiene todo el sentido que te dediques a eso. No solo por ti, sino por hacerle un favor al mundo. Y obviamente vivir de ello.

Los japoneses (que viven en el 2450) lo llaman Ikigai.

Ojalá cada persona encontrase su ikigai y viviese alineado para ofrecer algo mejor a los demás.

Pero para que eso llegue, uno tiene que entender que reinventarse (y más ahora) está a la orden del día. Y que da lo mismo la edad, si tienes claro que hay algo que puedes ofrecer y de paso ser feliz con ello.

¿Es difícil? Por supuesto. Pero no es imposible y merece la pena.

Cuando estudié la carrera, teníamos un compañero de 73 años que dijo “ahora es cuando puedo estudiar esta carrera que siempre quise hacer”.

Una amiga de mi hermana estudió y ejerció medicina y tras la pandemia dijo que no era lo que quería y ahora hace talleres de cerámica y vende sus creaciones.

Una amiga mía no pudo ir a la universidad y solo había trabajado en hostelería. Hizo un curso de marketing digital y ahora tiene su propio proyecto, clientes y factura 4 cifras todos los meses.

Mi prima quiso opositar para la policía porque “era una trabajo seguro”, pero por una afección física fue excluida. Ahora tiene su propio centro de pilates.

Historias como esta hay a patadas. Lo que no hay es una nota de corte, una edad de corte, un perfil de corte o habilidades de corte para acceder a lo que sea que quieras hacer.

No vas tarde. Es solo que quizás no has decidido dar el paso todavía.

Estas tres lecciones puedes cogerlas por separado, leerlas en el orden que quieras o incluso, no estar de acuerdo con alguna o las tres de ellas. Pero si escribo esto es porque sigo mi propia experiencia que es de lo que yo me puedo fiar más que de ninguna otra.

Tú debes hacer lo mismo.

Cuando te digo que el mundo laboral es para probar y crecer es literalmente así. No puedes dedicarte o lo que sea que hayas venido a dedicarte, si primero no pasas tiempo haciendo lo que no has venido a hacer.

Más simple:

Para ser quién hemos venido a ser, primero debemos ser quien no somos.

Lo opuesto.

Lo equivocado.

Y aunque pueda parecer el camino más largo, es el más seguro. Al fin y al cabo es mejor sacarte la duda metiéndote en aquello que no tocaba para ir encarrilándote, ¿no?

Del error es de donde nace el aprendizaje. Y hay que probar caminos antes de dar con el bueno.

Igual, cuando te digo que tú eres tu mayor activo es porque tu capacidad para adaptarte vale más de lo que crees. Y quien te diga que no, simplemente no tiene la misma legitimidad que tú para evaluarte, puesto que tú eres la única persona que puede (y debería) ponerle valor a las cosas que vive.

Por todo ello, nunca irás tarde.

No se puede ir tarde a lo que se ha venido a hacer en la vida. Si acaso se puede no acudir a la cita, pero eso es una pena.

Ve a la cita, cuando quieras, como quieras, pero ve.

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