Cuando daba clases en una formación orientada a trabajar por cuenta propia, uno de los módulos explicaba cómo sostener tu propio negocio.
Y si hablamos de negocios, hablamos de diseñar servicios, captar clientes, tener una imagen de marca. Y cosas que son importantes, pero en realidad, todo ello no es:
- Ni el punto de partida.
- Ni la base sobre la que se sostiene un proyecto por sí solo.
Es como si a la hora de emprender, en vez de empezar por el capítulo 1, nos viéramos ya en el capítulo 5, con flujo constante de clientes, una imagen de marca y facturando todos los meses.
Y es bonito apuntar alto, pero la base debe estar bien definida.
Imagínate una casa. Antes de pensar en cómo va a ser o cómo vas a organizar el espacio, tienes que saber con cuántos metros cuadrados cuentas. Pues para cualquier proyecto, lo mismo.
Y aunque parece lógico, yo te aseguro que cuando daba clase, mis alumnos siempre se preocupaban más del capítulo 5. Y el error es que si no conoces el suelo del que dispones, no vas a saber realmente cómo organizar tus recursos y estarás más bien matando moscas a cañonazos.
Y lo digo por experiencia propia.
Cuando emprendí por primera vez hace ya algunos años, me metí yo también de lleno en el capítulo 5, y darme cuenta de que gran parte de mi esfuerzo y trabajo no tenía la rentabilidad que debía, fue duro.
Pero como siempre, aprendí bastante sobre ese primer capítulo que no te puedes saltar si buscas sacar un proyecto adelante.
A continuación te resumo las claves.
No te asientes en la idea
La idea es como una semilla que se planta en tu mente y que tiene como primer efecto, encender la ilusión, dar con una chispa de motivación y mostrarte una ventana con la que lograr hitos personales.
La idea en ese sentido es magnífica porque es la que prende la maquinaria y hace que te preguntes cosas como:
- ¿Qué quiero hacer?
- ¿Qué servicios voy a ofrecer?
- ¿Por dónde debería empezar?
- ¿Qué nombre le voy a poner a mi proyecto?
Y la idea sin estructura y muy en sus inicios, te puede llevar a que te tomes el café de la mañana y ya estés pensando en los invitados que vas a llamar a tu podcast o en las charlas que darás tú cuando te llamen como invitado por haber cosechado tanto éxito.
En definitiva, la idea es poderosa. Pero la idea invita a preguntarse: “¿Qué voy a hacer?”
Cuando lo que deberías preguntarte es: “¿Qué proyecto puedo sostener ahora?”
Asiéntate en los números
Son el verdadero mapa de cualquier proyecto. Son los que te dicen si vas bien, si vas mal, si la idea tiene espacio para crecer, o incluso, en caso contrario, cuánto margen tienes para tratar de revertir la situación.
Porque sí. Desde fuera puede dar la sensación de que tienes un proyecto estable, pero lo único que importa a la hora de vivir de tu idea son los números.
Y aquí te voy a poner dos casos.
Imagina dos personas. Persona A y Persona B que quieren vivir de un proyecto web.
| La persona A tiene | La persona B tiene |
|---|---|
| 12 meses de ahorro | Pocos ahorros |
| Pocos gastos | Hipoteca |
| Trabajo estable | Necesita ingresos inmediatos |
¿Se podría decir que ambas tienen el mismo proyecto?
No. Lo que tienen es la misma idea.
Porque no es lo mismo empezar un proyecto con un año de ahorro, que hacerlo necesitando facturar desde el primer mes. No es lo mismo tener una red de seguridad que no tenerla.
Muchas veces, el éxito o el fracaso de una idea tiene menos que ver con la calidad de la idea en sí y más con el contexto en el que intentamos desarrollarla.
Y aquí, hay mucha gente que tiene ideas (buenas ideas) pero se sienten más como la Persona B y no las desarrollan porque la motivación se apaga. El espacio no se abre y el oxígeno que quedaba, se agota.
Y esto es una pena. Porque si vas a usar los números para “no hacer”, entonces estás usando mal ese mapa.
Claro que la Persona B tiene menos facilidades, pero si la idea existe, la posibilidad de darle forma, también. Cambiar la creencia limitante de “no puedo” por el permiso de “voy a probar” , genera una habitación generosa donde la idea puede seguir viviendo.
Y más si esa idea puede responder a las preguntas:
- ¿Es algo que me gusta hacer?
- ¿Es algo que se me da bien?
- ¿Es algo con lo que ayudar a los demás?
- ¿Es algo con lo que podría ganar dinero?
Entonces, merece una oportunidad.
No se trata de que sea fácil, se trata de que te nazca. Y si sientes que no puedes sostener un proyecto propio, te voy a dar algunas claves que sin duda, a mí me han servido para ir poco a poco.
Diseña un proyecto desde tu realidad financiera
Si me dices que no te dan los números para empezar, te preguntaré si eso es 100% cierto. O si realmente, lo que ocurre es que te parece que los números no te dan para verte en un mes en ese capítulo 5.
La verdad es que yo cuando emprendí la primera vez, tenía apoyo, pero cero ahorros. Tuve que pedir prestado dinero, pero mi gasto estaba muy controlado. No tenía hipoteca, ni hijos, ni cargas. Vivía con mis padres y trataba de gastar lo menos posible de lo que me habían prestado. Eso también hacía que buscara ponerme manos a la obra para que mi deuda no se fuese acumulando. Es algo positivo, pero el punto ciego que no estaba viendo es que yo también quería verme rápidamente en el capítulo 5.
Hasta que me di cuenta (meses después) que no tenía ningún control ni mapa sobre hacia dónde iba mi proyecto. Así que a pesar de darme cuenta que llevaba meses regalando mi capacidad de trabajo, la experiencia me sirvió para aprender a hacer las cosas bien.
Empecé calculando cuánto costaba mi vida
Si le preguntas a la gente esto, siento que muchas personas no saben bien qué responder. Yo al menos era una de ellas. Me dedicaba a buscar clientes que estuvieran dispuestos a pagarme cualquier cosa y si me regateaban, cedía, porque mejor poco que nada.
Al final de mes podía emitir 10 facturas, pero el total no me daba para todo lo que necesitaba. Aunque claro, ni yo sabía lo que necesitaba porque no me había sentado a calcular precisamente eso.
¿Cuánto gastaba para comer, para la gasolina, para el ocio, para las compras más simples?
No lo había calculado.
Y el ahorro… ¿eso qué era?
Yo veía si a final de mes me sobraba algo y ese ahorro lo metía para seguir formándome en lo que hiciera falta o para algún imprevisto
Así que al final de mes me veía con clientes, emitiendo facturas, pero sin tiempo y sin ahorros. Lo que la gente llama erróneamente “emprender”.
Y aquí te diré algo para ese “mini yo interior” tuyo que alguna vez ha soñado con vivir de una idea: deshazte de la creencia de que emprender va de no tener tiempo para ti.
El emprendimiento habla de mentalidad financiera sobre todo, para precisamente vivir sin ser esclavo de un trabajo que te quita tiempo. Eso es mentalidad de éxito. Y es curioso que como te decía, es el capítulo que nos saltamos casi todos los que nos lanzamos queriendo vivir de una idea.
Yo tuve que volver hacia atrás y hacer lo que no había hecho hasta el momento: listar todos mis ingresos y todos mis gastos.
Esta fase es deprimente, te lo adelanto.
Diseñé una plantilla básica para ordenar mis finanzas
Cuando ya tenía todos los números bajados a tierra, los separé y ordené por ingresos, gastos fijos y gastos variables.
-
Ingresos: incluye nóminas, facturas de clientes ya cobradas
- Por muy tentador que sea, no pongas aquí las facturas emitidas que todavía no has cobrado. Si ese dinero no está en tu cuenta, no lo tienes todavía.
, inversiones (si hay) o cualquier otro activo que dé dinero. -
Gastos fijos: alquiler, seguro, suscripciones, gimnasio y todo lo que se repita desde hace 2 o 3 meses.
-
Gastos variables: cesta de la compra, gasolina, viaje, regalos o cualquier cosa que haya entrado ese mes concreto, pero no sea la norma.
Ahí pude hacer la resta del dinero que entra y del dinero que sale. Básico. Pero además incluí tres puntos obligatorios.
-
Ahorro:
Establecí un ahorro mínimo mensual. Una cantidad que no varía y que si acaso, iba a ir escalando con el tiempo. Como si eran 10 euros para empezar. El ahorro tiene que existir. Aunque sea algo simbólico, pero que le dijera a mi mente que hay una parte de mi dinero que no iba a tocar y a servirme bien en un futuro.
-
Sueldo:
Cuando buscas trabajar para otros, lo primero que miras es el sueldo.
Cuando trabajas para ti, eso es lo último que miras.
Pero el sueldo no es lo que sobra, ni es el ahorro. Es lo que se necesita para pagar esos gastos fijos y variables y darse los caprichos que hacen que trabajar tenga sentido. Es decir, no es opcional. Si no me ponía un sueldo, estaba trabajando gratis.
-
Inversión:
Es la parte que iba a destinar a mejorar mi proyecto. Ya sea comprando herramientas o formándome en algún curso. Si quería que mi negocio escalase, necesitas invertir en él.
- Quizás al principio no destines mucho dinero aquí y priorices el ahorro o el sueldo; y está bien. No hay una cantidad exacta de nada. Pero sí la obligación de tener esto en cuenta.
Y el truco infalible…
Separaba el ahorro y la inversión al principio de cada mes.
No lo dejaba para el final. Hace parte de un dinero con el que no vas a contar en el día a día, pero que tiene una función esencial.
Con esto ya tenía una idea de cómo plantear el coste de mis servicios. Y cuando me di cuenta, entendí que llevaba meses pagando por trabajar…
Calculé el punto de equilibrio
Es decir, me planteé cuánto dinero necesitaba generar mi proyecto para no perder dinero.
Por ejemplo: si necesitaba 1500€ al mes para vivir y mi proyecto necesitaba 200€ en herramientas, yo necesitaba ganar 1700€.
Aquí es donde entra lo que te decía antes. Si tú sabes de antemano cuánto quieres ahorrar mes a mes, cuánto necesitas ganar para pagar tus gastos y cuánto dinero quieres separar para inversión o imprevistos, sabrás más fácilmente cómo establecer tu precio por hora.
Y esa cifra no es emocional, es matemática.
Hoy en día mucha gente tira los precios y me temo que es porque no tienen esto en cuenta o porque no están pensando en clave financiera, sino en “trabajar de lo que sea y ya vemos”. Pero es un error y generalmente, esos son los proyectos que no tienen mucho recorrido porque se acaban drenando.
Lo normal, vaya.
Traduje mis cálculos a acciones
Porque ya no era “necesito encontrar clientes que me paguen lo que sea”, sino “voy a buscar los clientes que me paguen lo que yo pido”.
Ni más ni menos.
Y ahí es donde tienes mejores pistas para plantear servicios con los que captar clientes que de verdad estén alineados con tu proyecto.
Puse en práctica la regla 80/20 y me centré en crear servicios más enfocados y de mayor valor. Subí los precios de forma lógica y rechacé clientes que no estaban dispuestos a pagar mi trabajo por hora.
¿Y ahora qué?
La mayoría de proyectos fracasan porque intentamos construirlos para la vida que soñamos tener, sin pensar tanto en la vida que tenemos ahora.
Y el acierto está en el puente entre ambas situaciones.
Qué vida deseas tener puede ser el objetivo, pero el comienzo del viaje, sin duda es en qué momento te encuentras ahora.
Y seré honesta desde mi propia experiencia. Lanzarse a un proyecto propio no es fácil, pero tiene sus ventajas. Y aunque los comienzos parecen imposibles, te invito a que si tienes la idea de un proyecto, antes de tomar la importante decisión, ya sea intentarlo, o ya sea la de negarte la posibilidad; que al menos, hagas este ejercicio.
Solo traza el mapa.
Los números pueden no ser los más alentadores al inicio, pero no hacen falta que lo sean, basta con no ir a contracorriente de ellos como hacía yo (y como hace mucha gente hasta que simplemente se da cuenta).
Antes de irme…
Mientras escribía este artículo, he sentido el peso extraño de quien pueda decir aquello de “todo suena muy bien, pero la realidad no es tan sencilla”.
Y es cierto, no lo es.
Las cosas importantes no vienen solas, hay que trabajar duro.
Aquí he planteado una teoría que aprendí y me sirve aún a día de hoy. Pero sé, porque es obvio y todos los días se ve, que plantearse vivir de un proyecto propio no es fácil.
Siento que una gran parte de personas que puedan leer cosas de este tipo, son como la Persona B de la que hablaba. Gente que tiene sueños, pero no tiempo. Que tiene ganas, pero no recursos.
Y no quisiera que este artículo generase la idea ya ahuecada de “si quieres, puedes”.
Pero sí te invitaría al menos, a no subestimar una idea.
Como te dije, es poderosa. Por si sola no te va a mantener. Tienes que regarla a diario.
Dedica algo de tu tiempo libre, haz acciones pequeñas y se constante.
Llegará un momento en el que tengas algo que ya no te parezca lejano ni inalcanzable.